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Pagar la primera cita: ¿machismo, cortesía, o ya no toca?

Por Mar G. · hace 1 meses

Bueno, aquí va. Hace poco tuve una primera cita en una terraza del Carmen, esas que miran hacia la plaza, y cuando llegó la cuenta me pasó lo de siempre: pagué sin pensarlo mucho. Mi cita se ofreció, claro, pero insistí. Y luego, en el camino a casa, me quedé rumiando: ¿qué me pasa? ¿Por qué me sigue pareciendo lo natural? Lo extraño es que no me siento machista pagando. Al contrario. Me gusta ese momento, la sensación de invitar a alguien que me interesa. Supongo que viene de cómo me educaron, pero también de que a mí personalmente me hace sentir generosa, en control de algo en una situación que de por sí es bastante vulnerable, ¿no? Una primera cita es un acto de fe raro. Pagas la comida y esperas que la otra persona no sea un desastre. El problema es que luego pienso en mis alumnas de bachillerato, en cómo les cuento que no necesitan a nadie que las mantenga, y me parece contradictorio. Aunque tampoco es lo mismo: yo elijo pagar, nadie me obliga. Ahí está la clave, creo. La diferencia entre que te lo exijan y que te apetezca hacerlo. He leído a gente que dice que dividir la cuenta es lo moderno, lo igualitario. Y claro que lo es, matemáticamente hablando. Pero me da la sensación de que a veces confundimos igualdad con uniformidad. Yo no necesito que mi cita pague la mitad para sentirme respetada. De hecho, cuando alguien insiste demasiado en pagar su parte, a veces me pregunto si es por principios o por no querer comprometerse ni un poco. Lo que sí tengo claro es que esto cambia según la persona. Con mi última pareja, después de las primeras citas empezamos a alternar. Con otras, directamente hemos ido a sitios sin consumo. El dinero en las citas es raro porque se mezcla con el ego, con la seguridad, con las expectativas. Y nadie quiere hablar de eso abiertamente. Así que pregunto: ¿vosotros qué hacéis? ¿Os importa quién pague? ¿Creéis que hay algo de machismo o es que simplemente algunos tenemos una forma de relacionarnos que no tiene por qué ser la de todos?

10 respuestas

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    Mira, yo lo veo así: que pagues porque quieras es una cosa. Que sientas que tienes que hacerlo para que funcione la cita, otra muy distinta. Y ahí está el nudo. Lo que dices de tus alumnas tiene sentido. No es hipocresía, pero sí hay algo que resolver. El problema no es pagar, es que se normalice como *obligación invisible*. Como si el dinero fuera la moneda de cambio para ganarte respeto o interés. A mí me pasaba algo parecido cuando mi mujer estaba viva. Pagaba porque me educaron así, pero también porque necesitaba sentir que tenía algo que ofrecer. Eso es lo peligroso: mezclar generosidad con necesidad. Si te apetece invitar, invita. Pero pregúntate sincero: ¿lo haces porque quieres, o porque crees que es lo que toca? Porque eso sí marca la diferencia. Y tu cita puede sorprenderte si le das la oportunidad de elegir de verdad.
    Por Alejandro V. · hace 1 meses
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    Alejandro tiene razón en parte, pero yo creo que se queda corto. La verdad es que ese "sentir que tienes que hacerlo" es más difícil de detectar de lo que parece. Puede estar tan metido en ti que confundes obligación con deseo genuino. Lo que me pasa a mí es diferente. No pago porque sienta que debo. Pago porque me gusta la sensación, sí, pero también porque después de dos divorcios he aprendido que controlar una situación es un lujo. Y eso no es lo mismo que igualdad. Tus alumnas de bachillerato: enséñales a elegir, vale. Pero también a desconfiar de sus propias motivaciones. Que se pregunten si pagan o dejan pagar porque quieren, o porque creen que así funcionan las cosas. Ese es el verdadero nudo.
    Por Lucía R. · hace 1 meses
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    Aquí en Pamplona ves mucho esto. Hace poco una paciente me contaba algo parecido a lo tuyo: pagaba las citas y después se preguntaba si lo hacía por generosidad o por miedo a no gustar lo suficiente. Cuando profundizamos, resultó que eran las dos cosas mezcladas, y eso la paralizaba. Lo que me intriga de tu reflexión es eso que dices de "control en una situación vulnerable". ¿No será que pagar te da la ilusión de que algo depende de ti cuando en realidad una cita es un espacio donde poco controlamos? Porque la generosidad genuina no necesita ese control. Tus alumnas no necesitan que las mantengan, de acuerdo. Pero ¿necesitan que alguien pague para sentirse valiosas en una cita? Ese es el verdadero mensaje que transmites, ¿no crees?
    Por Miguel A. · hace 1 meses
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    Mira, lo que me llama la atención es que estés buscando la pureza en el gesto, ¿sabes? Como si tuviese que ser 100% generosidad o 100% condicionamiento. Pero eso no existe. Lo de pagar porque te apetece está bien. El problema es cuando esa apetencia viene envuelta en expectativas invisibles: "si pago, me debe gustar más", "si pago, me debe dar algo a cambio". Eso es gaslighting que te haces a ti misma sin darte ni cuenta. Con tus alumnas puedes ser honesta: "yo elijo esto porque me apetece en este momento específico, pero nadie debería sentir que tiene que hacerlo para valer la pena". Eso no es contradictorio, es coherente. La contradicción estaría en pretender que es un acto completamente libre cuando hay siglos de expectativas metidas en la mochila. Lo igualitario no es matemático. Es poder decir "vamos a mitades" sin que te parezca que pierdes poder.
    Por Noa T. · hace 1 meses
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    Estoy con Noa en que no existe la pureza, claro. Pero creo que confunde algo importante. El problema no es buscar un gesto 100% puro, sino preguntarse por qué el "apetece" está tan contaminado de expectativas invisibles. Mira, que pagues porque genuinamente quieras está bien. Lo que no está tan bien es no poder distinguir entre lo que quieres de verdad y lo que has interiorizado como obligación disfrazada de generosidad. Ese "sentir que tienes que hacerlo" que menciona Alejandro no siempre es consciente. A veces se parece tanto al deseo que cuesta separarlo. Lo que me interesa es que llegues a poder elegir sin esa sombra. Si mañana una cita te sugiere dividir y no te pone en jaque emocional, entonces sí, ahí hay libertad real. Si te produce ansiedad, bueno. Ahí hay algo más.
    Por Carmen N. · hace 1 meses
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    Mira, Carmen toca algo que llevo meses procesando. Hace poco entrevistaba a un restaurador en Malasaña sobre cómo ha cambiado el sector, y sin venir a cuento me soltó: "La gente paga lo que cree que debe pagar". Me quedó ahí, dando vueltas. La verdad es que el problema no es si pagas o no. Es que ni siquiera sabemos bien por qué lo hacemos. ¿Generosidad? ¿Culpa? ¿Necesidad de control? Todo mezclado, probablemente. Y lo jodido es que ese brebaje emocional es tan tuyo, tan personal, que es imposible ser honesto contigo mismo al cien por cien. Lo que sí veo claro: si la alternativa de no pagar te da ansiedad, ahí hay algo que desmontar. Porque eso ya no es apetencia. Eso es supervivencia emocional disfrazada de generosidad.
    Por Lucía R. · hace 1 meses
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    Voy a discrepar un poco con lo que dije antes. El autor tiene razón en algo que no había considerado bien: ese control que siente al pagar en una primera cita. Es real, y no es poca cosa. En una situación donde todo es incierto —si va a haber química, si la otra persona va a ser un desastre, como dice—, pagar puede ser una forma de gestionar la vulnerabilidad. Lo entiendo. Pero aquí está lo que me preocupa: ¿por qué necesita ese control precisamente mediante el dinero? Lucía toca el punto. Si fuese solo generosidad, no habría necesidad de "insistir" cuando ella se ofreció. La insistencia es sintomática. Es el momento donde la elección se vuelve obligación disfrazada. Lo que veo en mis alumnas es exactamente eso: mujeres que pagan citas porque creen que así demuestran independencia, cuando en realidad están validando un sistema donde el dinero sigue siendo la moneda del poder en las relaciones. Simone de Beauvoir escribía sobre esto: la independencia económica sin cuestionarse quién define qué es generoso seguirá siendo patriarcado con mejor cara.
    Por Carmen N. · hace 1 meses
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    Creo que Carmen toca algo importante, pero voy a discrepar. Ese "control" que siente al pagar no es tan real como parece. O mejor dicho: es una ilusión controlada. Mira, en medicina vemos esto constantemente. El paciente que paga la consulta privada se siente con más agencia que el que va a la pública. ¿Y sabes qué? Ambos tienen exactamente el mismo diagnóstico. El dinero no cambia los hechos, solo cómo nos sentimos respecto a ellos. En una primera cita pasa algo parecido. Pagas y te sientes generoso, en control. Pero ¿controlas realmente qué pasa después? No. Ella decide si quiere verte de nuevo, hagas lo que hagas. El control es más bien narrativo: una historia que nos contamos para manejar la vulnerabilidad, que es lo que Carmen señalaba. Lo interesante sería preguntarse: ¿necesito ese relato para sentirme cómodo con la incertidumbre? Porque si la respuesta es sí, entonces sí hay algo de condicionamiento ahí. Y no pasa nada. Pero hay que verlo.
    Por Diego R. · hace 1 meses
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    Diego, espera. He discrepado conmigo misma en este hilo, pero en esto te doy la razón a medias. Hace poco traducía un ensayo de Silvia Federici sobre el trabajo invisible, y me pasó algo: estaba en una terraza del Paseo, traduciendo una frase sobre cómo las mujeres internalizamos el servicio como autonomía. Y ahí lo vi claro. Ese "control" que sentimos pagando la cuenta es real, pero es control dentro de los límites que el patriarcado nos permite. Como elegir entre dos cosas que alguien más ya eligió para ti. Dicho esto, la ilusión no invalida la experiencia. No es lo mismo sentir que tienes poder —aunque sea parcial— que no sentirlo. El autor original está describiendo algo verdadero sobre cómo negocia su vulnerabilidad. El problema es confundir eso con libertad real.
    Por Carmen N. · hace 1 meses
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    Llevo releyendo este hilo y me pasa algo raro. Que el autor sienta generosidad pagando está bien, es legítimo. Pero aquí hay un detalle que nadie ha nombrado: esa sensación de control que describe es también una forma de mantener el poder en la negociación. No es malo, pero tampoco es invisible. Lo que me molesta es la confusión entre "yo elijo" y "está bien que elija esto". Son cosas distintas. Puedo elegir libremente hacer algo que refuerza una estructura desigual. Pasa todo el tiempo. Las mujeres elegimos un montón de cosas que nos perjudican porque hemos aprendido que nos hace falta hacerlas para ser aceptables. La pregunta no debería ser si pagar es machismo o cortesía. Es: ¿por qué sigue siendo raro que ella pague? ¿Por qué ese gesto de él sigue siendo "generoso"? Eso sí es el síntoma.
    Por Carmen N. · hace 1 meses

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