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Bilbao: planes en el Casco Viejo más allá del pintxo y la caña

Por Rosalía Z. · hace 1 meses

Mira, llevo seis años saliendo en Bilbao y siempre acabo en lo mismo. Casco Viejo, pintxo, caña, alguien cuenta un chiste malo, risas forzadas, a las doce de la noche todo el mundo está igual de aburrido que a las nueve. Y luego te dicen que Bilbao es una ciudad con vida, que es moderna, que tiene cultura. Ondo, vale. Pero ¿dónde está eso exactamente? No me malinterpretéis. Adoro el Casco, mis padres me llevaban a esas calles siendo niña. Pero madre mía, que cansa el circuito estándar. Y no es que sea de buen vivir ni nada de eso. Es que a los cincuenta y uno, divorciada, con dos hijos que ya no me necesitan cada fin de semana, tengo ganas de conocer a alguien en un sitio donde pueda pensar en algo que no sea "¿cuándo nos vamos de aquí?" He probado todas las apps. Tinder, Bumble, esas raras que solo funcionan en Bilbao. Y siempre pasa lo mismo: match, conversación fría, propuesta de tomar algo. Y luego el típico paseo por la ría o cenar en un restaurante que cuesta un ojo de la cara y te sirven un pescadito de nada. Yo no digo que haya que hacer cosas raras. Simplemente cosas que permitan hablar, que no sea tan forzado. A veces pienso que los hombres de aquí no saben salir de la rutina ni aunque les paguen. He pensado en proponer planes diferentes cuando me llega el siguiente match. Un taller de cerámica, una visita guiada por el Guggenheim a las seis de la tarde cuando hay menos gente, ir al cine a una sesión rara que no ve nadie. Incluso el Mercado de la Ribera tiene esas catas que hacen los jueves. Algo donde no sea todo sobre beber y donde la conversación salga sola. Pero claro, luego pienso: ¿y si parezco rara? ¿Y si el tío piensa que estoy loca? Gabon, que no me importa lo que piense, pero tampoco quiero espantar a la gente desde el primer mensaje. Así que os pregunto directamente: ¿alguien más aquí en Bilbao está harto del mismo rollo? ¿Habéis conseguido algo diferente? ¿O es que Bilbao es así y me tengo que resignar?

11 respuestas

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    Mira, lo que describes no es un problema de Bilbao sino de las apps y el formato que generan. Llevas seis años repitiendo el mismo patrón porque es el path of least resistance: abres Tinder, ves a alguien, propones la versión safe de una cita. Pintxo, paseo, conversación sobre el trabajo. Seguro. El problema es que ese circuito desactiva cualquier conversación real. No es culpa de los hombres de Bilbao, es que el contexto lo impide. Una copa en el Casco mientras alguien cuenta un chiste malo genera las mismas dinámicas en Barcelona o Madrid. Si quieres hablar de verdad, necesitas un escenario donde haya fricción, donde no sea posible estar cómodo. Una clase de algo, un voluntariado, un grupo de lectura. Lugares donde la conversación es el punto de partida, no el objetivo final de una cita. Las apps optimizaron para velocidad, no para profundidad. Eso no cambia en ninguna ciudad.
    Por Carlos M. · hace 1 meses
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    Carlos, pero es que las apps no crean el problema, lo revelan. Si Bilbao tuviera espacios donde la gente pudiera conectar sin la presión del ligue automático, las apps serían lo de menos. Lo que veo es que el formato "conocer gente" está diseñado para fracasar. O es el rollo del pintxo con tensión sexual subliminal, o es la cena cara donde tienes que fingir que te importa lo que dice mientras calculas si hay química. No hay término medio. Yo creo que el problema es que buscáis pareja como quien busca ofertas en El Corte Inglés. La gente interesante no está esperando en una app a que alguien la valide con un match. Está en un taller de cerámica, en una manifestación, en una biblioteca a las tres de la tarde. Pero claro, eso requiere salir sin objetivo, y eso da más vértigo que swipear en el sofá.
    Por Noa T. · hace 1 meses
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    Noa, estoy de acuerdo pero a medias. Hace tres años fui a una tertulia de arquitectura en el Museo Guggenheim. No era un plan de ligue, era gente hablando de rehabilitación urbana mientras tomaban algo. Acabé conversando cuarenta minutos con una mujer sobre por qué Barcelona y Bilbao han tomado caminos opuestos con el espacio público. Fue genuino porque nadie estaba vendiendo nada. El problema es que esos espacios existen en Bilbao —cafés de barrio, actividades de verdad— pero no los promociona nadie. Las apps te hipnotizan porque son adictivas y requieren cero esfuerzo. Y luego, claro, repites el mismo circuito muerto. Pero aquí va lo incómodo: la responsabilidad no es solo de la ciudad. Es también de decidir que vale la pena el esfuerzo de buscar algo que no esté empaquetado. Eso cuesta más que abrir Tinder. Y la mayoría no lo hace.
    Por Carlos M. · hace 1 meses
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    La verdad es que vosotros estáis hablando de Bilbao pero describís un problema mucho más grande: que hemos convertido el ligue en un producto de consumo rápido. Tinder no inventó eso, solo lo aceleró. Pero Carlos, esa tertulia del Guggenheim que cuentas es exactamente lo que funciona. No porque sea "especial" sino porque la gente está ahí por algo que le importa, no por obligación de ligar. El hombre que conoces hablando de arquitectura es completamente distinto al que te propone ir a cenar a un sitio caro porque "toca". En Madrid pasa lo mismo. Y la solución no es reinventar Bilbao ni hacer planes raros. Es dejar de buscar pareja en modo automático. Yo escribo de noche, voy a presentaciones de libros, a cines de barrio donde luego la gente se toma algo y habla. Allí conoces gente de verdad, no perfiles de Tinder. Puede parecer una obviedad pero no lo es: deja las apps un mes. Haz algo que te importa. El resto viene solo.
    Por Lucía R. · hace 1 meses
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    Yo discrepo un poco de Lucía. No creo que hayamos convertido el ligue en producto de consumo rápido. Lo que ha pasado es que las apps simplemente han hecho visible algo que ya estaba ahí: que la mayoría de gente no sabe estar sin agenda, sin objetivo claro. Mira, yo llevo tres años fuera del ruedo. Viudo, con un hijo, sin prisa. Y cuando vuelvo a esto me sorprende que se hable tanto de "espacios donde conectar" como si fueran la solución. Una tertulia en el Guggenheim está bien, pero si vas buscando ligar, es lo mismo que Tinder con más cuadros. El problema real es que nadie quiere perder el tiempo. Ni ella en Bilbao ni nosotros. Y eso no lo arregla el sitio donde nos veamos.
    Por Alejandro V. · hace 1 meses
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    Leo a Lucía y me reconozco. Hace un mes, en clase, una alumna me preguntó por qué en las películas antiguas los personajes tardaban tres actos en besarse. Le dije que no era por pudor, sino porque el viaje importaba más que el destino. Aquí en Valencia pasa algo parecido. Tengo amigas que conocen a gente en las tertulias de poesía del Carmen, en proyecciones de cine de arte y ensayo, incluso en protestas sobre urbanismo. Y no es que liguemos de manera más romántica. Es que cuando hablas de algo que te importa de verdad, la otra persona deja de ser un perfil. Se convierte en alguien. En Bilbao pasa lo mismo, ¿no? El problema no es que falten planes. Es que la mayoría de planes disponibles están diseñados para que no pase nada importante. Tertulias, exposiciones, ciclos de cine. Espacios donde la gente habla porque quiere, no porque tenga que ligar sí o sí.
    Por Mar G. · hace 1 meses
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    Mira, desde la medicina vemos algo parecido en las consultas: la gente llega quemada, con expectativas que no se cumplen, y luego culpa al formato. Pero aquí hay algo que nadie menciona. El problema no es que las apps aceleren el ligue. Es que obligan a decidir en segundos si alguien te interesa, cuando la atracción real necesita contexto. Un tipo viendo a una mujer en una tertulia, trabajando en un proyecto, discutiendo algo que le importa... eso genera química diferente que un perfil con tres fotos. Lo que propone la autora del hilo no es "hacer cosas raras". Es básicamente recuperar cómo funcionaban las cosas antes: conocerse haciendo algo juntos, no conocerse para hacer algo juntos. Bilbao tiene eso. Cursos, exposiciones, grupos de senderismo. Lo difícil es que alguien entre en Tinder pensando "voy a buscar a alguien que lea poesía" en lugar de "voy a buscar a alguien disponible esta noche".
    Por Diego R. · hace 1 meses
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    A ver, que Lucía dice que el ligue es un producto de consumo rápido, ¿pero eso es malo? Yo creo que el problema es al revés. Hemos romantizado tanto la idea de que conocer a alguien tiene que ser *especial*, *mágico*, que cuando no pasa así nos sentimos defraudados. Y luego echamos la culpa a Tinder. La autora del hilo dice que quiere hablar sin que sea forzado. Vale, pero es que hablar con un desconocido siempre es raro al principio, tengas treinta o cincuenta y uno. No es un fallo de Bilbao ni de las apps. Es que la química no es un guion de cine. Lo que sí veo es que la gente busca validación constante en el primer café. Que si no hay chispa a los diez minutos, pues next. Eso sí está enfermo. Pero no por las apps, sino por cómo las usamos.
    Por Noa T. · hace 1 meses
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    Espera, que me quiero meter aquí porque creo que la autora del hilo está diciendo algo que nadie está escuchando bien. No está pidiendo que el ligue sea épico ni mágico. Está pidiendo respiradero, ¿eh? Estar en un sitio donde pueda pensar en algo que no sea la propia incomodidad. El otro día en el instituto, una profesora de plástica organizó una visita al Museo Guggenheim y luego café en el bar de arriba. Nada raro. Pero pasó algo: la gente hablaba sin prisa, sin esa urgencia de "¿esto va a funcionar o no?" Porque el contexto no lo pedía. Creo que la clave es esa. No necesitas planes raros ni costosos. Necesitas planes donde el ligue sea un accidente, no el protagonista. Un taller de cine, una exposición, incluso un mercadillo donde puedas moverte. Donde conversar sea natural porque hay algo más que te sostiene la conversación. Bilbao tiene eso. Solo que nadie lo está buscando en el lugar equivocado.
    Por Mar G. · hace 1 meses
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    Mira, lo que veo en tu mensaje es que el problema no es Bilbao ni las apps. Es que estáis usando sitios para *conocer* como si fueran sitios para *pasar el rato*. El Casco funciona para eso segundo. Ruido, gente, movimiento. Nadie te escucha, nadie te ve. Es perfecto si lo que quieres es estar acompañado sin estar realmente con alguien. Pero si buscas hablar de verdad, necesitas lugares donde sea posible. Una exposición donde luego comentas lo que has visto. Una clase de algo que te interese. Incluso una ruta en bicicleta donde hay momentos de silencio y conversación intercalados. Las apps simplemente aceleran lo que ya estaba pasando: la gente llega a un bar con un guión mental. Tú también. Y luego todos decepcionados porque nadie es espontáneo. Cambia el contexto. No el sitio.
    Por Diego R. · hace 1 meses
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    La verdad es que Diego está equivocado. No es que estemos usando sitios para pasar el rato cuando queremos conocer. Es que los sitios diseñados para conocer gente en Bilbao terminan siendo exactamente lo mismo: pasar el rato. Y eso es el problema. El Casco Viejo, las apps, el restaurante caro. Todo sigue la misma lógica. Entras, haces conversación pequeña, te marchas. No hay fricción, no hay contexto que te obligue a estar. Por eso a las doce sigues igual de aburrido que a las nueve. Lo que ella busca no es un sitio "especial". Es un sitio donde el aburrimiento no sea la opción por defecto. Donde pasara algo mientras hablas con alguien. Un taller, un concierto de verdad, leer juntos en una biblioteca. Cosas donde el silencio no sea incómodo porque hay algo más. Bilbao tiene eso. Pero no en el circuito estándar que todos repetimos como autómatas.
    Por Lucía R. · hace 1 meses

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