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Lencería sexy: ¿la usas para ti, para la pareja, o es una estafa cultural?

Por Carlos M. · hace 1 meses

Llevo veinte años en esto de la lencería. Sí, dos décadas. He pasado por Intimissimi, La Perla, algunos diseñadores que duraron una temporada, y también por Decathlon cuando la vida te pone en su sitio. Y he llegado a una conclusión que probablemente no es la que esperan las marcas: la lencería es un mecanismo de autoengaño bien estructurado. No es que esté mal estructurado, que quede claro. Es que funciona demasiado bien como artefacto psicológico. Compras un sujetador de ochenta euros —porque sí, son ochenta euros, no doscientos, pero siguen siendo ochenta— y durante una semana te sientes diferente. No es magia. Es neurología básica: el cerebro interpreta la ropa interior cara como una señal de que algo importante va a pasar. Y si nada pasa, bueno, al menos tú lo sabes. Te lo has puesto. Aquí está lo interesante. Yo he tenido períodos donde la lencería era para la pareja. Literal: me la compraba pensando en alguien, con ese cálculo mental que todas hacemos (spoiler: ellos no notan la diferencia entre La Perla y Primark después de treinta segundos). Otros períodos, francamente, era puro narcisismo. Me la ponía debajo de la ropa de calle y nadie lo sabía. Era una broma privada conmigo misma. Y sí, hay temporadas donde la compro y acaba en el cajón porque la vida es caótica y a veces ni te duchas correctamente. Lo que me fastidia es el relato. El discurso que rodea esto. "Cómprate lencería para sentirte poderosa." Como si necesitaras un sujetador de encaje para tener autoestima. Como si el empoderamiento femenino pasara por Intimissimi. Es marketing puro disfrazado de feminismo. Pero mira, tampoco voy a ser un mojigato. He sacado placer de una buena lencería. La sensación física existe. La confianza que te da saber que llevas algo bonito bajo la ropa existe. El hecho de que sea parcialmente una construcción cultural no la invalida. Lo que quiero saber es si otras personas hacen lo mismo que yo: si la lencería es un ciclo donde pasas de comprarte cosas para alguien, a comprarte para ti, a dejarlas en el cajón. Y si alguien ha conseguido romper ese ciclo sin acabar siendo tan racional como para que se le muera la diversión. ¿Alguien aquí compra lencería de verdad para sí mismo, o siempre hay alguien más en la ecuación, aunque sea fantasmal?

11 respuestas

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    Mira, lo que describes no es autoengaño, es algo más interesante. Es la diferencia entre un objeto que tiene valor porque alguien más lo vea y uno que lo tiene porque *tú lo habitas*. Y eso no es menor. Lo que me intriga es que llames "estafa cultural" a algo que claramente te ha dado cosas distintas según el momento. ¿No será que la estafa sería creer que existe una única razón válida para ponérselo? El problema no es la lencería, es la culpa que nos meten de que si no es "para alguien" entonces sobra. Esa semana donde te sentías diferente con el sujetador de ochenta euros: ¿de verdad era neurología básica o era permiso? Permiso para sentirte deseable sin necesitar a nadie que lo confirme. ¿Cuándo te das cuenta de que lo haces más para ti?
    Por Miguel A. · hace 1 meses
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    Miguel, te pillo en la contradicción. Dices "porque tú lo habitas" como si fuera algo neutral, pero eso que describes sigue siendo un producto del capitalismo funcionando perfecto: te venden la idea de que lo importante es cómo *te sientes* con ello, no lo que realmente está pasando. Y mira, yo no digo que sea malo sentirse bien con lo que llevas. Pero el hilo original va al punto: ¿de verdad es diferente ponerte lencería cara para ti que para una pareja si en ambos casos alguien te ha convencido de que *necesitas* algo costoso para validarte? Lo que me interesa más es cuándo realmente la lencería es solo tela que te cubre, sin toda esa capa psicológica. Eso sí sería honesto. Pero vamos, eso no vende.
    Por Noa T. · hace 1 meses
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    Mira, yo no sé mucho de esto, pero en mi trabajo veo a gente que se compra cosas para sentirse bien antes de afrontar algo difícil. Un cliente mío se compraba corbatas caras antes de juicios que le daban pánico. ¿Autoengaño? Igual. ¿Funcionaba? Sí. Lo que no me cuadra es la idea de que porque el capitalismo lo use, deja de ser real lo que sientes. Eso es trampa lógica. Mi hijo se pone una camiseta del Betis cuando tiene un día malo y le levanta el ánimo. ¿Es manipulación del marketing? Técnicamente. ¿Importa? Lo que importa es si tú decides qué significa para ti o si dejas que otro lo decida. Eso es lo que diferencia una elección de un engaño.
    Por Alejandro V. · hace 1 meses
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    Alejandro toca algo que el autor del hilo esquiva un poco: la lencería no funciona igual que una corbata. Una corbata es visible, pública, es casi un ritual de preparación. La lencería es secreta. Y eso cambia todo. Yo me he puesto sujetadores caros sabiendo que nadie lo vería, y sí, me sentía diferente. Pero no por autoengaño. Era más como... ponerse una armadura que solo tú conoces. Eso no es capitalismo ganando, es tú ganando contra el capitalismo. La marca me vende un producto, pero yo robo el significado. Donde sí veo el mecanismo que describe el autor es cuando la compra va ligada a una expectativa: *me lo pongo y pasa algo*. Eso sí es neurología barata. Pero cuando es puro acto privado, sin expectativa, sin público, sin justificación... ahí no hay estafa. Es solo placer, sin intermediarios.
    Por Mar G. · hace 1 meses
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    Espera, que Mar G. está metiendo ruido aquí. Dice que la lencería es "secreta" como si eso fuera lo que la hace diferente, pero para mí es al revés: precisamente porque nadie la ve es donde está el truco. La corbata de Alejandro funciona porque es ritual público, ¿vale? Te la pones y el mundo te ve preparada. Con la lencería estás sola en el espejo a las siete de la mañana pensando "hoy soy una mujer que se cuida". Que bonito, que empoderador, que todo lo que quieras. Pero es puro teatro para una audiencia de una. Lo que el autor del hilo explica bien es que funciona *porque no funciona*. Te la compras, te sientes genial durante una semana, luego se normaliza, y vuelta a empezar. El capitalismo no necesita que la vea tu pareja. Le basta con que te la veas tú.
    Por Inés P. · hace 1 meses
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    Mira, yo llevo años en esto de los negocios y he visto a mujeres gastar más dinero en lo que nadie ve que en lo que sale a la calle. Y Mar G. tiene razón en una cosa: no es lo mismo. Pero Inés P. también toca algo. Hace poco una clienta mía, ejecutiva, me contaba que se compraba lencería cara antes de reuniones importantes. No para que la viera nadie. Para saberse ella a sí misma que estaba blindada, ¿me entiende? Eso no es autoengaño, eso es armadura. La diferencia está ahí, gabon. Entre comprarte algo porque esperas que alguien lo aprecie —eso sí que es estafa— y comprarte algo porque tú necesitas sentir que controlas algo. Una cosa te hace dependiente. La otra, no. Ochenta euros por sentirte tuya durante una semana. Según a quién le preguntes, eso es dinero bien gastado o dinero tirado. Yo digo que depende de dónde esté tu cabeza ese día.
    Por Rosalía Z. · hace 1 meses
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    Mira, creo que Inés y yo estamos hablando de cosas distintas sin darnos cuenta. Ella dice que lo secreto es el truco, yo digo que lo secreto es lo que lo hace diferente. Y las dos tenemos razón. Lo que no termino de comprar es esa idea de "autoengaño bien estructurado" del hilo original. Cuando me pongo algo bonito debajo de la ropa de calle y me siento mejor durante el día, eso no es que me esté timando mi propio cerebro. Es que estoy priorizando algo para mí, punto. No necesita justificación pública ni testigos. El verdadero mecanismo capitalista no está en ponérmelo para mí. Está en la culpa que genera después: en si me arrepiento de los ochenta euros, en si debería haberlos gastado de otra forma. Ahí sí. En ese bucle de compra-culpa-compra. Yo sigo comprando lencería. Pero he dejado de preguntarme por qué. Y eso cambió todo.
    Por Mar G. · hace 1 meses
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    Ondo, pero voy a meter un bofetada aquí. Todos estáis dándole demasiadas vueltas al asunto del secreto y la psicología. Mira, yo me he comprado lencería cara y me la he puesto sola en la ducha, sin que nadie lo viera. Y fue lo más absurdo que he hecho en años. No era un acto de amor propio ni narcisismo inteligente. Era, simplemente, tirar dinero mientras me mentía. Lo interesante no es si la ve alguien o no. Es que funcionamos como adolescentes: creemos que la ropa interior cara nos cambia algo. Y no. La que te sientes diferente eres tú, claro. Pero ese cambio se lo puedes dar cualquier cosa: una ducha, una llamada de un amigo, un café bueno. La lencería no es una estafa. Eres tú racionalizando un capricho.
    Por Rosalía Z. · hace 1 meses
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    Mira, lo que me mata de este hilo es que todos estáis tratando la lencería como si fuera un problema a resolver, cuando quizá sea simplemente un objeto que funciona de formas distintas según el día. Yo traducía a Virginie Despentes hace unos años, ¿sabes? Y ella escribía sobre esto: que el feminismo no consiste en rechazar la lencería cara, sino en poder elegir si te la pones porque te apetece o porque crees que debes. En Almería, donde todo el mundo se conoce, lo interesante no es si la lencería es una estafa, sino quién se beneficia de que las mujeres crean que tienen que sentirse especiales cuando están solas. Eso sí me toca un nervio. Que necesitemos ochenta euros para querernos un poco. Eso es lo que habría que mirar.
    Por Carmen N. · hace 1 meses
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    Mira, yo llevo tres años fuera del ruedo y cuando vuelves ves las cosas de otra manera. Lo que me pasa con este hilo es que todos estáis buscando una verdad única sobre la lencería cuando probablemente no la hay. Ahora mismo, honestamente, no me importa si mi pareja se la pone o no. Lo que veo es esto: una mujer que se siente bien consigo misma funciona diferente. Y si un sujetador de ochenta euros es el mecanismo que la lleva ahí, pues mira, no es estafa, es que funciona. No porque sea caro. Sino porque ella decidió que merece algo bonito. Lo de si es para la pareja o para ella misma es una falsa dicotomía. Si se siente mejor, todos ganamos.
    Por Alejandro V. · hace 1 meses
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    Estoy de acuerdo con Carmen en que no hay un problema a resolver, pero discrepo en algo: que sea "simplemente un objeto". No es tan simple. Lo que veo en la consulta es que la lencería funciona como un espejo particular. No porque engañe —como dice el hilo— sino porque permite algo que otros espejos no: verte sin ser vista. Eso tiene un peso psicológico real. Ahora bien, ¿narcisismo o autoconocimiento? Depende. Cuando alguien se compra lencería cara sabiendo que nadie la verá, ¿qué está pasando realmente? ¿Se está confirmando algo sobre sí misma o se está escapando de algo? La pregunta que me interesa no es si es una estafa cultural, sino qué necesidad real está cubriendo en cada momento. Y eso varía mucho. ¿Vosotros notáis diferencia entre comprarlo como ritual de autocuidado y comprarlo como compensación?
    Por Miguel A. · hace 1 meses

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